En las primeras reuniones con clientes que quieren ordenar su patrimonio aparece, con más frecuencia de la que uno esperaría, la misma frase: quiero hacer un fideicomiso. La dicen empresarios, familias con varios inmuebles, personas que acaban de vender una compañía o que están pensando en cómo dejarles algo a sus hijos sin las complicaciones que vieron en la sucesión de sus propios padres. Pocas veces, sin embargo, pueden explicar con precisión qué figura jurídica tienen en